Esta es la historia de un hombre cualquiera, un hombre viejo, tan viejo que es difícil de calcular con precisión su edad, y demasiado viejo como para recordar su nombre. Es tan viejo que él ya estaba allí cuando el mundo se hizo, pero tan viejo es que no se acuerda cómo era antes.
Él vio nacer los mares y los océanos, vio abrirse los bosques, latir los volcanes, todo lo presenció, él ya estaba.
Incluso vio nacer a la muerte el día en que la vida apareció en la tierra, la vio crecer, caminar con paso seguro entre todas las criaturas. Pero cuando se deshizo lo creado y no quedó nada vivo que pudiera expirar, la muerte se quedó inútil. Y entonces él la vio morir cansada por su propia inutilidad: al final, ni la muerte se salvó.
Presenció cómo Dios creó el mundo y también vio cómo lo destruyó. Sufrió en sus propias carnes el castigo divino, se ahogó, se quemó, se quedó enterrado entre cenizas, fue torturado, apedreado, humillado.
Ahora él camina, no sabe hacia dónde va, no sabe por qué, no sabe cuándo empezó, ni sabe cuándo va a parar o si va a hacerlo, pero camina, lleva tanto tiempo caminando, que su pelo es un manto que recubre el mundo, sus pies son más duros que una piedra, es un saco de huesos sin sentimientos que ya no recuerda qué eran, o es que a lo mejor nunca los tuvo. Ya no sabe hablar, o puede ser que nunca aprendiera. Él tampoco recuerda si alguna vez tuvo una voz, o si el silencio ha sido siempre su idioma.
Él sólo camina, sin rumbo fijo camina. Sus ojos, dos piedras erosionadas que no buscan nada. A cada paso que da con sus pies de plomo todo tiembla -¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!- siempre constante, al mismo ritmo camina, como si su caminar marcara el último latido de su existencia.
Lleva los brazos extendidos, con las manos en forma de cuenco, como pidiendo, tal vez protegiendo algo que ni él mismo alcanza a ver. Tal vez sea polvo, tal vez sea luz, tal vez no sea nada, o tal vez sea lo poco que queda de él.
A veces siente que el hueco de sus manos pesa más que su propio cuerpo entero, como si llevara algo que no existe.
Y el sigue caminando…
